Se llama Ana, dice que tiene 12 años. Junto con su pequeña hermana de aproximadamente 5 años sube a los camiones a pedir ayuda: dinero o comida. Es tzozil y casi no entiende el español.
Sonríe como solo la inocencia de los niños que nada temen, lo hacen. No entiende bien las preguntas que se le hacen para conocer su historia, apenas logra decir que tienen meses viviendo en Toluca y que sus papás venden chicles.
Antes, en el autobús, ambas menores se subieron joviales a repartir volantes en los que apenas se alcanza a leer que vienen del pueblo indígena de Mitontic, Chiapas. Aunque el nombre pudiera suponer un invento, efectivamente existe y es considerado uno de los pueblos más pobres de todo México.
En 2013, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señala que Mitontic presenta un Índice de Desarrollo Humano (IDH) de solo 0.4843, similar al de África Subsahariana, -cuyos países se localizan al sur del desierto del Sahara- que tuvo promedio de 0.4630.
De acuerdo a la Declaratoria de Zonas de Atención Prioritaria 2020, mil 480 municipios de 31 entidades son considerados de muy alta o alta marginación, municipios indígenas o con alto nivel delictivo. De esa cantidad, 34 municipios pertenecen a Chiapas por ser de muy alta marginación y entre ellos está Mitontic.
A más de 975 kilómetros de distancia, dos pequeñas niñas, oriundas de ese pueblo chiapaneco de apenas 11 mil 157 habitantes, según datos de INEGI, piden limosna en los camiones de Toluca. Su candidez no les permite darse cuenta de los riesgos que corren en una ciudad que no conocen y con un idioma que no hablan.
Sin embargo, sonríen agradecidas por las monedas recibidas y se van felices, quizá a reencontrarse con sus padres, o tal vez para subir de nuevo a otra unidad del transporte público para pedir apoyo. ¡Cuídense! Se les recomienda. Y ellas apenas entienden y siguen sonriendo agradecidas.