El clarividente Alberto Chimal vuelve a deambular por estos lares (si mi memoria no me falla, al menos en un par de ocasiones lo he reseñado), pero no con sus heterogéneos relatos de ciencia ficción ni con sus ensayos sobre la Generación Z: ahora nos adentramos en el suspenso y el miedo, con tintes de horror. “Los atacantes”, antología de cuentos que nos hablan precisamente de la clase de seres que buscan desestabilizarnos, agredirnos y perturbarnos verbal, física o psicológicamente. Historias increíbles pero con un trasfondo altamente posible.
En “Tú sabes quién eres”, encontramos una historia de acoso con una velada capa demoniaca, y un imprevisible narrador; “Los salvajes” retoma a Roberto Bolaño, el hijo de un capo de la droga y una fantasía zombi; “Connie Mulligan” es una quijotesca historia de unos muy insistentes extraterrestres; en “Aquí sí se entiende todo”, las bromas filmadas que se suben a las redes sociales toman una tétrica textura; “Arte” nos lega una mirada denodada de cómo sería el “fin del mundo”; “Él escribe su nombre”, una historia sobrenatural sobre ser poseído en un hotel de paso, y “La gente buena” nos presenta un insólito caso de canibalismo masoquista.
A decir de Marco Kunz, Chimal es “uno de los narradores más polifacéticos e imprevisibles de la literatura hispanoamericana actual”, y las siete narraciones que aparecen en “Los atacantes” lo confirman: muchas de estas historias tienen premisas harto conocidas, pero el autor da en el clavo con las vueltas de tuerca que logra en cada una de ellas.