Con la marcha del pasado jueves 19 de marzo, el llamado “Cocol” (Comité Coordinador de Lucha) de los paristas de la UAEMex quemó sus naves. La inicial causa de erradicar el acoso y violencia de género en la vida universitaria ha quedado en un segundo plano, muy atrás, y su objetivo se redujo a exigir la renuncia del Rector. ¿Por qué ocurrió esto? Me parece que está relacionado con lo que comentábamos en este mismo espacio hace tres semanas, en el sentido de que la historia de los movimientos estudiantiles demuestra que hay un gran desgaste al pasar los días. Advertimos entonces que al cumplirse semanas de paro la gente (dentro y fuera de la institución) empezaría a ver con sospecha la actitud de los activistas, lo cual tendría como consecuencia casi inevitable que los temas estructurales que pudieran estar en el fondo del movimiento poco a poco fueran siendo opacados por los temas de la inmediatez: no hay clases, no hay servicios escolares, no hay trabajo, no hay paso, no hay limpieza, etc.
Producto de este desgaste natural, los promotores del paro decidieron también pasar de lo estructural a lo eventual: que se vaya el Rector. La última marcha, la del pasado jueves, fue precedida por la entrega de varias de las Facultades que permanecían tomadas y no necesariamente porque los promotores del paro lo decidieran, sino porque fueron obligados a ello, ya sea por la mayoría de estudiantes que exigieron votar (como en el caso de la Facultad de Planeación) y la mayoría optó por reanudar labores, o por la contingencia sanitaria ante la epidemia del Coronavirus (como en el caso de Ciencias Políticas).
Ya lo había dicho antes aquí mismo y ahora lo reitero: el gran dilema para quienes mantenían el paro era establecer con qué se darían por satisfechos para devolver las instalaciones. La salida tendría que ser digna (honrando la causa original del movimiento: la transformación de las relaciones de convivencia en la universidad para erradicar la violencia de género) o podría tornarse hacia la violencia. Lo dijimos con estas palabras: “en escenarios así se radicalizan las posturas, se distancian los puntos de acuerdo, se llega a las descalificaciones, denostaciones y hasta el uso de la fuerza”. Esto último no llegó por parte de las autoridades, más bien fue el “Cocol” el que desplegó acciones violentas el jueves pasado.
Bajo estas nuevas condiciones, el movimiento está más cerca del Ministerio Público que de la transformación de la Universidad. Nada menos el viernes, tras los sucesos de la marcha que terminó en destrozos a los inmuebles de la UAEMex, el Rector recibió el mandato por parte del Consejo Universitario de proceder legalmente contra quienes causaron los daños. Por eso es que hemos dicho que el “Cocol” quemó sus naves: no hay vuelta atrás; se radicalizaron a tal punto que se perdió toda posibilidad de empujar por la vía institucional una transformación de la vida universitaria.
La serie de condiciones que se vayan transformando en los espacios de la UAEMex, incluyendo reformas a la Ley de la Universidad, a su Estatuto y a la reglamentación secundaria, ya no será producto del trabajo impulsado por quienes protagonizaron el paro y se agruparon en el “Cocol”. Lamentablemente se dejaron llevar por el apetito político que despierta el ambiente de agitación y perdieron la oportunidad de ser los protagonistas de un cambio histórico. Ese cambio es indispensable, es inaplazable y parece ya estar en curso, pero ellos ya no estarán para signar la obra. Al quemar sus naves echaron su resto en una apuesta que, a mi parecer, no honra para nada la justicia de la causa original.
Cuando la UAEMex regrese a las labores, dentro de un mes o más, los activistas aglutinados en el “Cocol” sólo podrán emprender acciones disruptivas; han cancelado la posibilidad de sentarse, dialogar, pactar, dar seguimiento y exigir el cumplimiento de compromisos. Bueno, quizá yo peco de ingenuo al pensar que buscaban eso. Pero el resto de los universitarios seguimos teniendo el mismo reto: reconstituir los términos de la convivencia en la comunidad universitaria para sacudir los viejos cánones de las relaciones y encontrar otros más contemporáneos, más frescos, más equitativos.