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En los últimos siete años, el tiempo que los varones dedicaron al trabajo de cuidados incrementó apenas siete minutos, ya que las 13 horas con 53 minutos que en 2013 destinaban a estas labores, semanalmente, en 2020 se convirtieron en 14; las mujeres emplearon 39 horas a la semana para esta tarea. Durante la Jornada de Sana Distancia, la distribución inequitativa de las labores domésticas y de cuidado podría incrementarse.
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para las mujeres maltratadas
Aunado al reparto inequitativo del trabajo doméstico no remunerado, las medidas para atender la emergencia por COVID-19, especialmente la que se refiere a la permanencia en casa, podrían acentuar otras desigualdades en el ámbito privado: la priorización del cuidado familiar sobre el cuidado personal, la exclusión del mercado laboral formal, la precariedad laboral, la incorporación de niñas y adolescentes en tareas no aptas para su salud o que dificultan sus actividades escolares.
Durante esta jornada de prevención, las condiciones también se agravan para la mayoría de quienes se dedican al trabajo doméstico remunerado.Se estima que en México, de los 2.2 millones de personas que laboran en este sector, el 90% son mujeres y de ellas solo el 35% cuenta con alguna prestación. El 75% restante carece de estos derechos laborales que, apenas hace un año, les fueron reconocidos.
El espacio doméstico no es el único donde el cuidado de los otros depende, en la mayoría de las veces, de las mujeres. De un total de 472 mil 281 enfermeras y enfermeros que se desempeñan en el sector salud, el 79% son mujeres y el 21% hombres.
Ante esta situación, Nadine Gasman, titular del Instituto Nacional de las Mujeres, recomienda que durante la emergencia por COVID-19 también se replantee la distribución del trabajo doméstico y de cuidados, de modo que al reconocer que estas labores son competencia de todos pueda haber una redistribución más equitativa de estas acciones domésticas y, además, se reduzca la posibilidad de que el trabajo doméstico recaiga siempre en las mujeres.