Fotos Victor Castillo
En Metepec, una pizzería está abierta: un hombre que acaba de comprar allí les pasa la caja a sus tres hijos, quienes, en el asiento de atrás, comienzan a comerla; él se quedó con una rebanada que muerde mientras arranca el auto y conduce, seguramente a casa; unos pasos adelante un grupo de jóvenes ríe a carcajadas, ni por asomo hay entre ellos un metro y medio de distancia, menos cuando se besan para despedirse.
Para ellos, parece que las cosas transcurren con normalidad, se mira tan lejanos lo que, apenas ayer, el subsecretario de Salud, Hugo López-, mencionó: “ésta es la última oportunidad para detener, por un tiempo, la crisis de contagios de coronavirus”.

El puesto de barbacoa, el de enchiladas, el carrito de tamales que está afuera del supermercado siguen ahí, funcionando, igual que el supermercado, con menos gente, eso sí.
Domingo de Piojo, el mercado de pulgas que se instala en la Santa María Totoltepec, ahí, un solo hombre suministra gel antibacterial a los cientos de personas que entran: familias completas, niños, adultos mayores, también en este sitio todo parece transcurrir con normalidad, aunque en el fondo no es así, por lo menos para los comerciantes; al hablar con ellos dicen tener miedo, pero salen a trabajar porque lo necesitan.
Están preocupados no por el coronavirus, pero sí porque, dicen, las ventas han bajado hasta 80%.
¿En El Piojo hay cubrebocas? Sí, en venta, de moda, a 25 pesos con tu personaje de ficción favorito, estampado.

Los clientes dicen que van porque siguen las medidas de seguridad, se ponen gel, afirman… quizá no han entendido la importancia de guardar distancia, eso de lo que habló el subsecretario hace días, ese llamado drástico a permanecer en casa. Quizá, tampoco vieron que el presidente Andrés Manuel López Obrador, luego de decir que los mexicanos somos fuertes, por fin llamó a todos a quedarnos en casa.
La gente afuera parece no saber que, apenas cruzando la avenida Tollocan, en el Centro Médico Issemym -hospital receptor de casos COVID-19- se han restringido las visitas, que no se permite la entrada de autos en el estacionamiento y que han llegado ya varias personas infectadas, “apenas llegó una muchacha que no podía respirar”.
Afuera del hospital, en el paradero de autobuses hay adultos mayores, jóvenes y adultos, quienes esperan entrar a ver a su familiar que sigue hospitalizado por razones ajenas al coronavirus, si ellos pudieran no estarían en el mercado, ni ahí, sino en sus casas, como en los últimos días han recomendado las Secretaría de Salud estatal y federal.
En Toluca las cosas no son muy distintas, los vendedores ambulantes, que tantas veces han hablado con Juan Rodolfo para escuchar promesas de solución a sus problemas luchan por seguir en las calles; hay cuarentena, pero eso no evita que un contingente de policías e inspectores transiten buscándolos.
El “Batman” de la González Arratia dice que trabaja por necesidad, de él dependen tres personas y por eso sigue dispuesto a tomarse la foto; antes de la contingencia él podía vivir una semana con lo que ganaba en el fin, ahora no puede hacerlo, por eso, con mayor razón sale.

La pregunta sigue siendo, ¿por qué la gente está afuera?, parece que las personas creen que se cuidan bien, un cliente del mercado de autos en Metepec dice que lleva un aspersor con agua y alcohol que le sirve para protegerse; otro dice que lleva cubrebocas y se pone gel, fuera del hospital alguien opinó que no tiene miedo, que de algo va a morirse, la magnitud de lo que se avecina no se vislumbra en sus actitudes ni opiniones.
Tianguistenco confirmó la mañana de este domingo su primer caso de COVID-19, también San Mateo Atenco, en las localidades más alejadas de la zona metropolitana de Toluca, en Zinacantepec, Almoloya, Tenango, la dinámica social no se ve modificada, los saludos y las compras son iguales a las de cualquier otro día.
Aun hablando con las personas es difícil saber las razones por las que no acatan las medidas sanitarias, quizá el reporte que hasta este domingo dio la Secretaría de Salud del Estado de México, donde confirmó que en la entidad hay 74 personas con esta enfermedad les sigue pareciendo poco, quizá no tienen miedo a la muerte, o, quizá, no han comprendido la magnitud del problema que apenas empieza.