Decenas de personas que habitan en Toluca y ejercen un oficio han empleado su ingenio para sobrellevar la crisis económica devenida de la pandemia, algunos, incluso, ven la emergencia como una oportunidad para obtener un ingreso. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en el Estado de México la tasa de informalidad laboral alcanza a casi cinco millones de personas, es decir, del total de personas que integran la población económicamente activa (más de 13 millones de personas), 56.9% no cuenta con ningún tipo de prestación.
Este es el caso de Yessenia Moreno, una costurera mexiquense quien, desde hace un mes, cuando las autoridades federales decretaron la Jornada de Sana Distancia, ha tenido que cambiar el giro de los productos que confeccionaba, ya no hay más vestidos, ahora ella en compañía de su esposo, quien fue despedido hace poso, y sus hijos, elaboran cubrebocas con filtro quirúrgico que vende en las inmediaciones del Mercado 16 de septiembre.
En contraste con la situación laboral que atraviesan seis de cada diez mexiquenses, Yessenia cuenta que para ella esta pandemia representa una oportunidad laboral, aunque al principio no lo vio así, pues luego de que se anunciara la Jornada de Sana Distancia y de que se limitara la celebración de eventos masivos, a ella le cancelaron dos pedidos para los cuales ya había adquirido material: “tenía un vestido de novia pendiente pare el 13 de junio, la boda iba a ser en la playa y los del hotel les cancelaron.
También tenía un vestido de bautizo que era para mayo, pero por esta situación ya no se concretó”.
Los que ella elabora son con tela de algodón transpirable y filtro quirúrgico
En insumos ella tenía invertidos ya casi seis mil pesos, sin embargo, gracias a su ingenio otra puerta se abrió: la última semana de clases en las escuelas, una madre de familia que sabía que ella es costurera le pidió que le confeccionara algunos cubrebocas, pues ya eran un requisito que empezaba a hacerse obligatorio en los planteles y ya comenzaban a escasear en las farmacias.
Gracias a este primer pedido descubrió que podía confeccionarlos, incluso de mejor manera. Por ello, después de que se suspendieran las clases de manera presencial, Yessenia decidió salir a las calles a ofrecer sus cubrebocas. Aunque no le gusta estar mucho tiempo fuera, sale un rato en las mañanas para buscar más personas que quieran pedidos, cuenta.
Mientras narra su incursión en la confección de cubrebocas se acerca una familia que pregunta por ellos: “están en 20 pesos”, les dice Yessenia, “es que sí están haciendo muchos hasta de diez o 15 pesos, pero es pura tela”. Los que ella elabora son con tela de algodón transpirable y filtro quirúrgico. La manufactura de cubrebocas le permite sostener a su familia compuesta por cinco personas, incluida ella.
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La irrupción del coronavirus en el país, en la entidad y en cada uno de los municipios rompió de tajo el inestable equilibrio que mantenían las de por sí irregulares condiciones laborales de los casi cinco millones de mexiquenses que se emplean en la informalidad; no obstante, algunas de las personas que ejercen algún oficio han optado por redirigir sus habilidades para ofrecer productos que se requieren o son de utilidad para enfrentar esta pandemia.
Yessenia ofrece sus cubrebocas, de tres a cinco de la tarde de lunes a sábado, en la entrada del Mercado 16 de septiembre, los domingos los vende de diez a una de la tarde, en el mismo sitio.