Las clases en línea o vía remota son inviables para cientos de alumnos y docentes de las zonas rurales del país. Durante esta época de clases a distancia, el reto de la conectividad y la continuidad de clases escolares en las más pobres del país, donde solo cuatro de cada 10 personas tienen acceso a dispositivos con conexión a internet, es algo imposible, pues más del 70% de los 80.6 millones de usuarios de Internet viven en zonas urbanas (ENDUTIH 2019) Esta disparidad en el uso de dispositivos móviles con acceso a internet se denomina brecha digital.
Aldo Torres, investigador de la Facultad de Economía Internacional de la Universidad Autónoma de Chihuahua, opina que esta pueda ser una nueva forma de exclusión social y únicamente buena “para quienes tienen esta tecnología, para los que la disponen, usan y tienen capacitación para utilizarla”. Los que no hacen uso de estas herramientas digitales tienen otras necesidades más básicas que cubrir.
Para una madre de familia de la comunidad tlahuica de San Juan Atzingo, en el municipio de Ocuilan, es más importante que ella y sus hijos coman que comprar una televisión o computadora.
Esta emergencia sanitaria y el salto precipitado hacia las clases virtuales es una situación que tomó por sorpresa a algunas familias de esta comunidad y también a profesores como Elizabeth, de 44 años, quien imparte la materia de Tecnología en una secundaria técnica de San Juan Atzingo.La ENDUTIH señala también que el 91.2 por ciento de los usuarios de internet tienen entre 18 y 24 años, seguido del grupo de 12 a 17 años (87.8%).
Elizabeth reconoce que la población adulta se resiste al cambio digital, que incluso en la plantilla docente del plantel donde labora hay profesores que no tienen teléfono celular.Respecto a los alumnos, Elizabeth cuenta que son pocos los que tienen un teléfono y son todavía menos los que cuentan con una computadora, por esa razón las clases no pueden realizarse a través de videoconferencias.
Ante esta situación, las y los docentes optaron por solo pedir a los estudiantes evidencias de las tareas que les dejaron la semana pasada; las fotografías de sus tareas tienen que ser enviadas por Facebook o por WhatsApp y, además, mediante estas plataformas tienen que pasar lista diario.
“Pero ya empiezan a haber quejas de que las mamás les dicen que ya no van a tener dinero para mandar a sus hijos para que se registren todos los días porque tienen que ir al ciber y este hecho implica que tienen que pagar sus cinco o sus diez pesitos, porque a veces se tardan más tiempo de lo previsto”.Ocuilan es uno de los municipios mexiquenses con más rezago económico: en 2017, el 68.23 por ciento de sus habitantes vivía en condiciones de pobreza, de acuerdo con datos del Informe anual sobre la situación de pobreza y rezago social. La pobreza económica también está vinculada a la pobreza digital.
Aldo Torres explica que en los hogares pobres, el jefe de familia suele no tener una capacitación en tecnología informática “y no lo va a transmitir a sus hijos o a las generaciones subsecuentes”.
El investigador de la Autónoma de Chihuahua abunda más sobre esta idea: “si la escolaridad de una jefa o jefe de familia es de nivel licenciatura o superior, en ese hogar hay una computadora, parece que la escolaridad favorece mucho a que los individuos estén inmiscuyéndose en el uso de la tecnología informática”.
Ocuilan está un poco lejos de este panorama: el 70 por ciento de sus habitantes de más de 15 años tiene la educación básica incompleta.
Hasta el 29 de abril, Ocuilan era uno de los pocos municipios del Estado de México donde no se habían registrado casos confirmados de covid-19 –ahora registra dos pacientes con este virus–, debido a esto, la secundaria técnica donde trabaja Elizabeth regresaría el 17 de mayo a clases presenciales, “pero el lunes nos dirán si entramos el 18, que es lunes, o de plano hasta el 30”.