Lorena Barrera trabaja como enfermera en el Centro Médico “Lic. Adolfo López Mateos”, en Toluca, desde hace más de 12 años. Días después de que se decretó el comienzo de la Fase 2 por coronavirus en México, el 28 de marzo, ella y otros compañeros se manifestaron para exigir mejores condiciones para hacer frente a la pandemia. A más de dos meses de esta exigencia, los insumos no llegaron y ella resultó positiva a SARS-CoV-2.
“Nos dicen que nos contagiamos en el camión o afuera por no cuidarnos, pero yo no uso camión”
Los primeros síntomas de covid-19 comenzaron a manifestarse en Lorena a finales de mayo. El primer diagnóstico, entregado el día 25, incluía tos seca, cefalea (dolor de cabeza) y mialgias (dolor muscular). En el documento médico se lee “TAC simple de tórax con imagen única con infiltrado sugestivo de neumonía por Covid-19”. La recomendación fue un tratamiento ambulatorio, Lorena fue enviada a resguardarse a su casa.
Al principio de su tratamiento, el estrés provocado por saberse positiva a SARS-CoV-2 fue inevitable, “no sabes cómo va a reaccionar tu cuerpo” narra en entrevista para AD Noticias. Además, el contacto con su familia solo es a través de una pantalla porque, como otras compañeras suyas, ella optó por rentar un departamento donde vivir durante la pandemia y así proteger a sus seres queridos.
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El pasado 27 de mayo, Isaac Salazar, representante sindical de este centro médico, denunció denunció que existían otros casos como el de Lorena, hecho asociado a la falta de insumos adecuados para atender a los pacientes infectados.
“Nos dicen que nos contagiamos en el camión o afuera por no cuidarnos, pero yo no uso camión”. Lorena cree que se contagió al estar en contacto con un compañero que resultó positivo dentro del hospital.
A pesar de ser joven y no tener ninguna enfermedad crónica, la salud de Lorena se complicó a consecuencia del covid-19: del viernes 29 de mayo al 5 de junio, ella requirió el uso de un tanque de oxígeno para poder respirar bien. A la fecha, los gastos cotidianos y médicos de Lorena han rebasado el monto de su suelto, ya que hasta el momento ha destinado más de 10 mil pesos en sus cuidados –tanque de oxígeno, medicamento, comidas y la renta del espacio donde se resguarda–. Su salario es de ocho mil pesos mensuales.
Las enfermeras con las que Lorena ha construido una relación de amistad le han confesado sus preocupaciones: “es muy feo cuando mis compañeras me hablan llorando y me dicen: ‘Lore, ya no aguanto’”.
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El incremento en los casos de covid-19 en conjunto con las agresiones que sufre el personal médico por parte de la sociedad civil en su día a día ha desmotivado al personal médico y de enfermería, incluida Lorena: “a veces me pregunto ‘¿vale la pena arriesgar mi vida por esa gente a la que no les importa la tuya?’”.
Por eso su regreso al hospital es algo que reflexiona constantemente: “ya sobreviví a la pandemia de influenza A-H1N1 pero esta (covid-19) casi me mata”. La vocación y el amor que Lorena profesa hacia su trabajo es indiscutible, pero no está dispuesta a pagar con su vida la indiferencia de las autoridades y la ignorancia de la gente que continúa saliendo a la calle.