Toluca, Estado de México; 24 de septiembre de 2019. Diego Rivera desde sus influencias y Frida Kahlo desde su vida: así es como se aborda el trabajo artístico de dos polémicos personajes de la cultura mexicana, quienes son el motivo de dos exposiciones que se presentan en el Centro Cultural Toluca y que estarán abiertas hasta el 5 de enero del próximo año.
Diego El Grande, exposición interactiva
En un recorrido que comienza con las influencias artísticas de Diego y la manera en que estas se reflejan en su obra, el visitante podrá ver parcialmente el trabajo de Paolo Uccello, El Greco, José María Velasco, entre otros, en comparación con el de Rivera en sus diversas exploraciones creativas, situación que –idealmente- podría mover al espectador a la reflexión a propósito de la existencia e importancia de las proyecciones y ensayos técnicos que permiten forjar un estilo específico.
Las facetas de ingeniero, ecologista, muralista, cubista, viajero, coleccionista, paseador, sapo-rana, mexicano, viajero y comelón del muralista se presentan en una perspectiva ajena a la obra en sí.
Sentarse en una representación de su comedor y mirar sus platillos favoritos, acercarse al concepto de colección de piezas prehispánicas u observar una réplica de su estudio puede ser un acercamiento afortunado para el espectador, quien igual puede armar el rompecabezas de la reproducción de “Sueño de una tarde dominical en la Alameda” o caracterizarse con elementos prehispánicos para tomarse una foto.
Si se ignoran las fichas, el recorrido puede convertirse en un observar elementos mexicanos: algunas maquetas de máquinas, un video de Chaplin o una reproducción del mural “El agua, origen de la vida” que se esconde en Chapultepec, sin embargo, la curaduría de Márgara Laborde Dovall, apuesta por un esfuerzo del espectador y su reflexión en torno al artista como ser visible, influenciable, histórico y transformador.

Frida y yo. Una exposición infantil sobre Frida Kahlo
Producida por el Centro Georges Pompidou y Arts & Fun en México, esta exposición dirigida a niños de entre 5 y 10 años retoma elementos de la vida de Frida, los mismos elementos emblemáticos y hasta desgastados que han identificado a esta pintora como ícono nacional aparecen en la sala de la planta alta del Centro Cultural, con la diferencia de que la visión que se ofrece –así como la búsqueda de una recepción infantil del tema- ofrece elementos interactivos que procuran una postura empática.
El accidente de Frida y las sillas que permiten repasar una postura corporal, la cama en la que el espectador debe recostarse para hacer un ejercicio del autorretrato y un somero acercamiento al árbol genealógico familiar, entre otros elementos, conforman esta corta experiencia que, por su esencia, no agota, ni pretende hacerlo, el tema pero sí permite acercarse a una perspectiva conocida de la obra pero con algunos otros elementos que pueden, por su acercamiento, ser interesantes.
Estas muestras no presentan como una generalidad las reproducciones de obra de Rivera ni de Kahlo, sino al artista como ser racional o emocional que es influido por su momento histórico, así como por otros movimientos artísticos o por vivencias.

*Si el recorrido tiene el plus de ser guiado por Edith Campuzano, estudiante de Artes, el espectador puede tener una experiencia más completa respecto a la información técnica y artística de Frida y Diego.