Toluca, México; 7 de octubre de 2018. Al sonido de la tambora y el chillidos de los platillos, miles de personas se pasean por las calles de San Francisco Tlalcilalcalpan, vestidos con mascaras y trajes brillosos. Honran al santo patrono de la comunidad a San Francisco de Asís. “A él se le consideraban loco, por eso salimos vestidos así” son las palabras de un anciano que pese a la artritis en sus manos, sigue avanzando entre la multitud, sigue disfrutando del festival año con año. 150 carros alegóricos acompañados de la tambora pasan por el asfalto gris. Las flores y el olor a copal impactan a cualquiera. Niños disfrazados bailan zapateado, caminan siguiendo a sus padres. El recorrido por las calles es similar a los pasos de un judio errante. El cansancio de los presentes se calma al beber una cerveza helada. Entre la locura de sus trajes exóticos y máscaras dantescas, entre gritos y palmadas al cielo, se persignan al ver la imagen del santo patrono, “Le damos gracias por un año más” dice uno de los organizadores, mientras alienta a la banda a seguir tocando “echele compa”. Las mejillas rojizas del tormpetista dejan ver la devoción de un pueblo católico, toma aire, mira al cielo y sigue deleitando a los presentes.

Las flores blancas y naranjas decoran los altares de las calles de una comunidad que pertenece a Zinacantepec y al mismo tiempo a Almoloya de Juárez. “Nosotros somos de Zina, Almoloya nos queda más lejos” son las palabras de una mujer que carga en sus brazos a un niños recién nacido, este ultimo no deja de llorar, ha mirado a las mascaras más escalofriantes de su corta vida. Hombres, mujeres, niños y ancianos sacan sus celulares para poder grabar un momento del recorrido. Antes de llegar a la iglesia, antes de ofrecer una ofrenda al señor de Asís. “Nos vestimos de locos, porque él fue un loco. Renunció a su fortuna por darle pan a los pobres”. Niños avientan dulces a su paso, disfrutan rociar a los “locos” con espuma blanca, mientras se escucha el sonidos de los platillos quebrarse por segundos. No habita el silencio en la comunidad, las calles se miran repletas de gente, rostros felices, algunos incomodos por el ruido; pero todos igualmente sorprendidos por los colosales disfraces.

Hombres en zancos simulan ser gigantes, sus cuerpos se alinean con el sol, se comienza a escuchar el sonido de los micrófonos “No se atraviesen, va a pasar el carro”. Los más jóvenes corren, piden una fotografía, piden inmortalizar el rostro de los que portan atuendos de otro mundo. Hay sirenas, demonios, catrinas, hombres disfrazados de arboles, monstruos de ciencia ficción. Imágenes que ni el mismo Guillermo del Toro podría idealizar en su mente. Horas de desfile, y de música de banda alimentan el entusiasmo de un pueblo que sale a las calles con la intención de vivir un instante. La expresión más fidedigna de fe, en este país, siempre serán las fiestas en honor a un santo. La imagen de San Francisco se pasea gozoso por las calles, afirman que el santo anda contento, sabe que es su fiesta. Cohetes comienza a despejar las nubes del cielo, trompetas no cesan en sonar, la felicidad se dibuja a kilómetros, al menos 10 mil personas recorren la calles con un mensaje conmovedor “gracias Señor de Asís”


