Campañas caras e ideas baratas

En cualquier campaña electoral moderna, la triada partido político-candidato-propuesta constituye el ABC de la estrategia del equipo de campaña. En 2017, el Estado de México gastará poco más de dos mil 282 millones de pesos en órganos electorales, de acuerdo con el presupuesto de egresos aprobados para este año. Esto significa que cada voto de la lista nominal nos costaría 209 pesos pero, como en ninguna elección para gobernador de los últimos 20 años hemos llegado ni al 50% de participación, entonces el costo podría ascender a 416 pesos, lo cual representaría que el voto mexiquense costaría más de 20
5 abril, 2017

En cualquier campaña electoral moderna, la triada partido político-candidato-propuesta constituye el ABC de la estrategia del equipo de campaña. En 2017, el Estado de México gastará poco más de dos mil 282 millones de pesos en órganos electorales, de acuerdo con el presupuesto de egresos aprobados para este año. Esto significa que cada voto de la lista nominal nos costaría 209 pesos pero, como en ninguna elección para gobernador de los últimos 20 años hemos llegado ni al 50% de participación, entonces el costo podría ascender a 416 pesos, lo cual representaría que el voto mexiquense costaría más de 20 dólares por elector probable. Una cifra de escándalo, cuando el costo promedio en el mundo es de entre uno y tres dólares; 5.9 se promedia para nuestro país, y en Rusia (www.aceproject.org/ace-es), el más caro voto del mundo –salvo el Estado de México, claro está–, está en 7.5 dólares.

Tenemos entonces elecciones muy onerosas, las más onerosas del planeta (y de paso malas, quizá no las peores del mundo, pero nuestra clase política se ha empeñado también en buscar ese deshonroso lugar). Al arranque de las campañas se supo que los candidatos institucionales decidieron “depositar” en el IEEM su compromiso para no gastar más de la mitad del tope de gasto de campaña, aprobado legalmente en 285.5 millones de pesos. Es decir, aseguran que se gastarán tan sólo 143 millones de pesos. Para no desentonar, los independientes ofrecieron que ellos de plano regresarían el dinero de financiamiento y harían campañas con recursos privados. Sólo en el Estado de México puede haber tal desfachatez; todos han gastado a manos llenas y lo seguirán haciendo en los próximos 60 días, de eso no hay duda.

El PRI tiene, en nuestra entidad, un presupuesto asignado para este año de 225 millones 471 mil 152 pesos; el PAN gozará de 131 millones 620 mil pesos, y el PRD, 114 millones 775 mil 839 pesos. Como resulta evidente, los partidos tienen un rico financiamiento público en la entidad, más lo que les provee el INE nacionalmente (bien a bien, no se sabe cuántos de estos otros miles de millones bajan a los estados). Eso sin tomar en cuenta el financiamiento privado, que ha crecido en todo el país al amparo del “contratismo” y demás linduras de proveedores desinteresados de la vida política del país. Es decir, al menos estos tres partidos pueden “ofrecer” una rebaja en sus costos de campaña, porque todos sabemos que nadie los respeta. Es más, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación le dijo al INE, con motivo de las elecciones de 2015, que “con los informes de gastos de campaña, era imposible determinar el rebase de topes de campaña…”. En otras palabras, es una auténtica tomadura de pelo su primera oferta de campaña.

Si vemos el arranque de las campañas y sus muy “inteligentes, creativas y novedosas” piezas de comunicación política, realmente hasta nos quedan a deber. Me imagino a los electores corriendo a votar ante tal capacidad persuasiva, ante lo exultante de sus mensajes y la claridad de sus proyectos. Vamos, ya nos urge salir a votar.

Para el grueso de la población, estas campañas sólo vienen a corroborar que la política en nuestro país sigue siendo una tarea de privilegiados, sea porque pretenden ganar o para mantener el poder, pero todos (infortunadamente) tienen como meta ganar a como dé lugar y, ahora sí, cueste lo que cueste; por eso tenemos campañas caras e ideas baratas; las primeras se compran y las otras no. Los ciudadanos queremos más y mejores ideas y menos Photoshop; mejores eslóganes y menos regalos.

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