En lo que fue su enésima visita al Estado de México, Enrique Peña Nieto sostuvo que “hay grandes y buenas razones para ser optimistas, para creer y confiar en México” … aunque el mandatario llegó a Toluca rodeado de un fuerte operativo de seguridad.
Desde las 5 de la mañana, las inmediaciones del Centro de Convenciones de Toluca, ubicado en el Boulevard Miguel Alemán de la capital mexiquense, se vieron cooptadas por elementos policíacos, miembros de élite de la Comisión Estatal de Seguridad (CES), soldados, policías federales, así como elementos de la Marina Armada de México y del Estado Mayor Presidencial.

Vallas metálicas, arcos detectores y un significativo número de elementos de seguridad se observaban por doquier. Los invitados se formaron para que les dieran sus gafetes. En grupos de cinco, avanzaron hacia el retén formado por alrededor de 20 elementos, hombres y mujeres, quienes les revisaban aún y cuando pasaron por los arcos detectores de metales.
Los accesos estuvieron cerrados. Una puerta lateral sirvió para el ingreso de todos, ya fueran meseros, secretarios, empresarios o reporteros.
Pero nadie pudo estar en la planta baja, donde se tomó la fotografía oficial y donde se realizaría el evento protocolario. A todos se les condujo al segundo piso del inmueble, para aglutinarlos en un salón donde se desarrollaron conferencias, previo paso por una serie de stands donde algunos ofrecían panfletos y unos cuantos galletas y sopas de pasta.

En las escaleras, los guardias vigilaban a todos y cada uno de los asistentes. Los elevadores no fueron puestos en funcionamiento y, afuera del inmueble, un grupo de trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad trabajaba para evitar que hubiera fallas de energía.
Así, reunido con la cúpula industrial del país, el mandatario aceptó que “aún son muchos los retos” que enfrenta México, así como los riesgos de un ambiente internacional convulso, tema al que dedicó distintos momentos de su discurso para justificar que aún no alcanza las metas prometidas.

En este evento, Peña Nieto estuvo acompañado por el gobernador Eruviel Ávila, así como por los secretarios de Economía, Ildefonso Guajardo; el del Trabajo, Alfonso Navarrete; la titular de Sedatu, Rosario Robles Berlanga; así como del titular del IMSS, Mikel Arriola y el presidente en turno de la Cámara, Enrique Guillén Mondragón.
Lo que no esperaba el presidente, fue que el dirigente nacional de la Canacintra le demandara no distraerse en acciones partidistas.
Enrique Guillén sostuvo que en la agenda pública gubernamental deben priorizarse cómo enfrentará México la negociación del Tratado de Libre Comercio, la corrupción, la sobrerregulación a empresas y la informalidad.
“Confiamos en que el Gabinete federal seguirá trabajando sin distracciones y con la convicción de que los intereses de la Nación están por encima de los partidistas”, expresó.
Además, pidió a Peña que, frente a las declaraciones abiertamente hostiles del actual Presidente estadounidense, actúe en forma inmediata.
“Debo decir con orgullo que, pese al oscuro y desolador panorama que vimos en noviembre de 2016 y al complicado inicio de año, las y los industriales decidimos no quedar presos de la perplejidad, sino que tomamos acciones para propiciar un mayor desarrollo de este país”.
Asimismo, lamentó que la corrupción vaya en incremento, pues alimenta lo que llamó “una cadena perversa que favorece prácticas deshonestas e intermediarios no oficiales”.
Y ya de paso, expuso que la sobrerregulación es otro elemento a tomar en cuenta, ya que hoy los más de 120 mil trámites que existen en los tres órdenes de gobierno tienen un costo equivalente al 3.3% del PIB anual, a pesar de las acciones que desde 2012 se han generado para reducirla.
Tras ello, los abrazos, las selfies, incluso con algunos reporteros de Toluca y, cuando Peña se fue, los empresarios agasajaron a los que se quedaron con una comida cuyo platillo principal fue el jabalí.
Pocas horas en Toluca; poco tiempo para hablar de optimismo y, en los hechos, exhibir un temor creciente a la impopularidad.
