El reparto de comida a domicilio ha crecido exponencialmente, pues debido a la pandemia cada día son más las personas que solicitan alimentos y otros insumos, a través de apps diseñadas para este propósito y llevados hasta sus hogares gracias a cientos de repartidores quienes, pese a estar ahora en riego de contagiarse por SARS-CoV-2 , circulan diariamente en bicicletas o motos por una ciudad que vive los efectos de la pandemia.
Puede que no sean héroes, pero hoy están cumpliendo una misión fundamental, evitar que cientos de personas salgan de su domicilio para consumir y también al mantener activos a docenas de pequeños negocios de comida que sobreviven gracias a los pedidos a domicilio.
Aunque el tráfico de la ciudad es visiblemente menor al que cotidianamente se podía observar antes de esta emergencia sanitaria, aún es común ver a un sinnúmero de repartidores circular diariamente por las calles. En las avenidas principales de Toluca y Metepec son alrededor de 200 personas las que trabajan para aplicaciones como Uber Eats, Sin Delantal y Rappi.
Algunos de estos conductores de reparto se han integrado a esta cofradía, como ellos la definen, por falta de oportunidades laborales, pero muchos otros, quienes llevan cerca de 2 años (es decir, desde que llegó la primera de estas apps al mercado de Toluca) dedicándose de lleno al reparto, ya ven este empleo como un trabajo formal, pues cumple jornadas de sol, aunque, claro, sin prestaciones, algo que resulta doblemente alarmante por la actual crisis sanitaria.
En bici, motocicleta (en su mayoría) o en automóvil (muy pocos) es como estos hombres y mujeres ha llevado casi el doble de pedidos desde que se decretó la cuarentena.
La avenida Venustiano Carranza se ha posicionado, al paso de los años, como el principal corredor gastronómico de Toluca, pues allí se puede encontrar desde tacos al pastor hasta cortes finos. Por ello, es en esta calle donde se observa a decenas de repartidores entrando y saliendo de locales de comida rápida y gourmet. En bici, motocicleta (en su mayoría) o en automóvil (muy pocos) es como estos hombres y mujeres ha llevado casi el doble de pedidos desde que se decretó la cuarentena.
Aunque como se mencionó, este empleo es de tiempo completo para muchos, ser repartidor de comida también es una forma de conseguir un ingreso extra para al menos un 30% de quienes se emplean en estas apps: hay maestros, padres de familia, electricistas, estudiantes y algún despistado que llegó con la intención de poder perder el tiempo mientras se llevaba algo de dinero, dinero que ahora se ha convertido en su mayor ingreso.
Ser repartidor no es nada fácil, son muchos los problemas que surgen en un recorrido, desde mordeduras de perros hasta asaltos y accidentes que a más de uno ya le han dejado secuelas, así nos lo cuenta Fabrizio Limón, un padre de familia de Temoaya, comunidad al norte de la ciudad, que funge como el papá pitufo de los repartidores, pues generalmente los aconseja, los cuida y trata de que se genere un buen ambiente laboral dentro de la base que han establecido en la “glorieta del águila”, ubicada en Paseo Colón.
“Aquí son todos bienvenidos, nuevos, viejos, chavos, chavas, aquí tratamos de echarnos la mano entre todos, aquí no hay nada de discriminación para nadie, aquí como ves la mayoría jalamos parejo y se llega a suceder algún problema nos apoyamos entre todos”, dijo en entrevista.
Esta base de repartidores, conocida por ellos como “El águila”, se ha convertido en un lugar donde estos “empleados sin prestaciones” esperan sus servicios mientras intercambian consejos y arreglan, limpian y desinfectan sus herramientas de trabajo.
Antonio de Jesús, uno de los repartidores que anda en bici, dijo que debido a la pandemia han implementado medidas de seguridad como el uso de cubrebocas, así como el lavado constante de manos y la desinfección de sus inconfundibles mochilas de reparto, antes de poder recoger un pedido.
“Ahora tenemos que ponernos más abusados, agradecemos a los restaurantes que nos ofrecen gel antibacterial y sanitizantes para limpiar las mochilas, ya que así no ponemos en riesgo el producto, ni mucho menos a nosotros que somos los que realizamos las entregas con los clientes.”
Durante un recorrido que realizamos con uno de los repartidores, AD Noticias pudo comprobar que en la amplia mayoría de los restaurantes y locales de comida se llevan a cabo medidas de prevención tanto por los repartidores como por los empleados de dichos locales de alimentos: aplicación de gel sanitizante, desinfección de mochilas y el menor contacto entre quienes atienden los locales y los repartidores son las más comunes.
Aunque los pedidos durante la cuarentena han aumentado significativamente, las ganancias dependen del tiempo que estés conectado o activo en la plataforma, por lo que se puede ganar desde 100 hasta 400 pesos por día, en promedio.
No obstante, sumado al inminente peligro que representa realizar esta actividad durante esta pandemia, cada uno de estos distribuidores de comida también debe enfrentar otros peligros: accidentes viales, robos de efectivo, celulares y motos, además de malos tratos por parte de los comensales, persecuciones de perros e insultos de automovilistas, quienes «se sienten dueños de la calle», dicen los repartidores.
Así es la vida de estos paladines sobre ruedas, nada fácil, pero de suma importancia, pues ahora ellos son los encargados de llevar los alimentos a cientos de casas, lo cual es importante por dos razones, la primera es que limita el número de personas que sale a conseguir comida y la segunda es que gracias al servicio que brindan, mediante ciertas compañías, ha sido posible que cientos de negocios continúen obteniendo una ganancia y no se hayan visto en la necesidad de cerrar.





