Aunque debido a la contingencia sanitaria por covid-19 el número de vehículos, así como la cantidad de sustancias contaminantes han disminuido, la calidad del aire no ha mejorado porque, desde hace seis años, por lo menos, faltan políticas políticas públicas, por parte de los tres niveles de gobierno, para hacerle frente al problema de la contaminación del aire, fenómeno que anualmente provoca la muerte de más de 31 mil personas.
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Casi a la mitad de mayo del año pasado, las zonas de los valles de Toluca y México atravesaron una contingencia ambiental derivada de la alta concentración de partículas nocivas en el aire. En la zona centro de Toluca el índice de partículas PM2.5 alcanzó 152 puntos durante los días 16 y 17 de mayo. Además de la cantidad de incendios que hubo durante esa época, la temporada de Ozono –que se caracteriza por tener pocas corrientes de viento y bajas precipitaciones, factores climáticos que favorecen la concentración de contaminantes y evitan su dispersión– contribuyó a que la ya de por sí mala calidad de aire empeorara en esos días.
Debido a esto, algunas actividades fueron suspendidas. Este año se enfrenta un nuevo paro de actividades y, además, de distanciamiento físico que, a diferencia de 2019, se implementó para evitar contagios del virus SARS CoV2. Si bien esta nueva contingencia ha permitido visibilizar las posibilidades que hay para mejorar el ambiente y, por ende, la salud de las personas, también ha puesto sobre la mesa las omisiones de los tres niveles de gobierno en materia ambiental.
Carlos Samayoa, de Greenpeace México, expresó en entrevista que, a raíz de esta contingencia sanitaria, en otras ciudades del mundo se está optando por alternativas no contaminantes de movilidad, como el uso de la bicicleta, “estas son medidas que también sirven para mejorar drásticamente para mejorar la calidad del aire. Las ciudades que han implementado a largo plazo este tipo de medidas de forma mucho más ambiciosa han demostrado que sí son efectivas para mejorarla”.
El especialista en Transporte y Ciudades Sustentables de Greenpeace México dijo también que en el país la mortalidad por enfermedades respiratorias, asociadas a la contaminación del aire, se ha ido agravando: “en 2020 algunos indicadores nos arrojan un total de hasta 27 mil muertes prematuras” relacionadas con la mala calidad del aire.
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“Si hacemos la comparación del año pasado a hoy la acción [por parte de los tres niveles de gobierno] ha sido muy básica. Hay muy pocos avances realmente”, mencionó Samayoa, “hacen falta políticas de previsión más fuertes y cuando lleguen emergencias de este tipo lo único en lo que se pueden abocar los gobiernos es en reaccionar cuando tal vez ya es demasiado tarde”. Esta coyuntura sanitaria, pero también ambiental, puede ser una oportunidad para que los tres niveles de gobierno emprendan acciones para mejorar el entorno, como las dinámicas de movilidad “eso implicaría que el Estado tenga un mayor control en las formas en las que opera, por ejemplo, el transporte público”, así como aumentos en la infraestructura ciclista de las ciudades.
Respecto a la recuperación económica, Samayoa considera que es necesario que las autoridades adopten un enfoque de recuperación justa y verde, encaminada hacia la generación de empleos verdes que “contribuyan a luchar contra el cambio climático y contra la crisis de salud que estamos viviendo, crisis paralelas que no pueden ser desatendidas”.