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En el contexto de la contingencia sanitaria por COVID-19 a nivel global, Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), dijo que como parte de las estrategias para contener pandemias está el frenar la pérdida de hábitat y diversidad biológica, debido al vínculo que hay entre la salud humana y la naturaleza.
La portavoz de la ONU subrayó también la importancia de erradicar los mercados y el comercio ilegal de vida silvestre para contribuir al combate de enfermedades infecciosas; ya que 60 por ciento de éstas se transmiten entre animales y humanos.
Respecto a los beneficios que hay en el medio ambiente tras el confinamiento de las personas y paralización de actividades por la pandemia, la economista comentó que lo más notorio ha sido la mejora de la calidad del aire en las urbanizaciones, así como la reducción de de emisiones de gases de efecto invernadero.
Sin embargo, afirmó que son efectos temporales y no debe ser motivo de celebración, además de que hay mil millones de personas encerradas y millones que están de nuevo en la pobreza. Agregó que los niveles de CO2 en la atmósfera siguen aumentando a pesar de la reducción reciente de emisiones.
La ambientalista puntualizó que según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas, sólo eliminando prácticamente todas las emisiones, la concentración atmosférica de dióxido de carbono podría estabilizarse a un nivel constante.
De acuerdo con lo informado, Andersen destacó que el confinamiento humano no debe ser la manera de solucionar los retos ambientales actuales. Reiteró que para avanzar en ese sentido en las ciudades es importante la economía circular.
Explicó que hoy más del 50 por ciento de la población vive en zonas urbanas y para el año 2045, la población mundial en las ciudades crecerá 1.5 veces hasta seis mil millones; por ello, las urbes son la clave del crecimiento sostenible, indicó.