Epidemia, información y política

Actuar políticamente es, entonces, una característica de quien vive en sociedad.
31 marzo, 2020
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Política es el término que denomina las acciones emprendidas para influir el estado que guardan las cosas en una sociedad. Cuando ese estado se constituyen de manera permanente en un orden (jurídico, administrativo, económico, moral) la política consiste en acciones para influir en tal orden: para conservarlo, para modificarlo, para agregarle algo, etc.

Todo el tiempo los miembros de la sociedad están haciendo política ¿De qué manera? Pues cada que toman decisiones y optan por hacerlo en correspondencia con el estado que guardan las cosas o buscan caminos alternativos.

Los momentos en que ello se hace más visible es cuando se elige a quien encabezará el gobierno de la sociedad, pero son sólo episodios que hacen explícito lo que ocurre permanentemente pero de forma implícita.
Actuar políticamente es, entonces, una característica de quien vive en sociedad. Hay, sin embargo, situaciones coyunturales en las que hacer política se vuelve mucho “más fácil”.

Digo situaciones coyunturales porque me refiero a aquellos momentos de agitación, incertidumbre, crisis o contingencia que provocan dudas en el orden social pre-existente. Por ejemplo, cuando una crisis económica se presenta es más probable que se le crea a quien afirme que ello se debe a la manera en que estamos organizados o gobernados; y quien proponga hacer cambios no sólo está haciendo política abiertamente, sino que está buscando interlocutores que coincidan en sus señalamientos, le concedan razón y se sumen a una corriente de opinión que, eventualmente, pueda influir en el estado de las cosas.

La que hoy vivimos es, sin duda, una crisis por la presencia de un virus para el que no existen todavía ni vacunas, ni tratamientos médicos y ni siquiera inmunidad en los organismos de la gente. Ello genera incertidumbre, zozobra y agitación, clima fértil para hacer política con mucho más posibilidades de influir en el orden existente. Esta es la razón, por ejemplo, de quienes han difundido información que busca asustar, inquietar, preocupar o alarmar. La intención es política, siempre lo será.

El señalar que haya un intención política en este tipo de información difundida no debe entenderse en el sentido de algo negativo per se, sino sencillamente como la motivación de quien procede de esa manera. Hay, desde luego, personajes, corrientes o grupos identificados o identificables que están lanzando apuestas para, aprovechando el clima de agitación y crisis, influir en el ánimo de la gente, sembrar en él una inquietud sobre el por qué de las cosas que ocurren en la sociedad y, de esa manera, influir en el orden de la misma.

Hacer política inicia con la acción de informar, o sea de sugerir cómo deben interpretarse la realidad y sus contextos. Para fines prácticos se trata de generar ideas o formas de interpretación y significación, porque se asume que tras ellas vienen cambios en las formas de actuar. Es verdad que las formas de actuar que terminan siendo influidas a veces se limitan a que la gente empiece a hablar mal de X o Y gobernante o país. Otras veces se busca que la forma de actuar influida sea el sentido de la emisión de un voto. Y, en casos como en que vivimos, las acciones pueden derivar en hacer compras de pánico, generar desabasto, inflación, etc.

Como ya lo hemos mencionado en anteriores ocasiones, hoy la presencia de las redes sociales virtuales re-dimensiona esas acciones encaminadas a informar. Porque cualquier persona puede producir un contenido y publicarlo, es factible, por ejemplo, iniciar cadenas vía WhatsAp, publicar un video con opiniones, editar otro para hacer parecer algo como cierto, modificar digitalmente una imagen para generar cierta impresión, etc. Las posibilidades son muchísimas, pero cuando ellas son coordinadas por alguien, se vuelve mucho más evidente el fin político.

Los gobiernos, por ejemplo, pueden coordinar sus acciones informativas buscando generar X idea sobre el manejo y rumbo de la crisis. Grupos opositores también pueden hacerlo justamente para generar la idea contraria, el descontrol, el desgobierno, la catástrofe.

Tener presente todo esto es necesario para diferenciar la información. La información oficial siempre tendrá la motivación política de conservar las cosas, buscará calmar, tranquilizar, generar confianza en la acción gubernamental. Por el contrario, la información que pretende evidenciar presuntas fallas, magnificar cifras, alarmar y alertar sobre “desastres inminentes” tiene la motivación política de minar la confianza en el gobierno y el estado que guardan las cosas.

En política siempre lo que uno pierde el otro lo puede ganar y buscará hacerlo a toda costa porque se trata de la guerra continuada por otros medios. Hay casos en los que la gente replica una información sin ser plenamente consciente de la motivación política de la misma, hay otras en las que es clara la voluntad de sumarse a una corriente de opinión. No es malo ni lo uno ni lo otro, sólo son posibilidades de acción en el marco de la vida social que es, por lo demás, sumamente compleja.

Cuando pase la crisis, cuando el virus termine por incorporarse al sistema biótico de la tierra, cuando los organismos tengan anticuerpos e inmunidad biológica para hacerle frente, muchas de las cosas dichas, publicadas y asumidas como ciertas se nos mostrarán como abiertas mentiras. Lo que podrá ayudarnos a entender por qué se mintió son precisamente las motivaciones políticas.

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