En días pasados se realizó en la ciudad de Davos, Suiza, la edición 50 del Foro Económico Mundial. Este es un evento que convoca a los principales hombres de negocios del mundo, a jefes de Estado y algunos personajes con liderazgo en algún campo. Es una costumbre que en el Foro se ventilen expectativas, novedades, intenciones, estrategias y, en general, acciones que marcarán el rumbo del mundo en materia económica. También de unos años a la fecha este foro auspicia la publicación del Informe Mundial de Riesgos.
Para este 2020, que ya ha concluido su primer mes, los casi 800 “expertos” convocados para externar sus expectativas sobre riesgos en el mundo advirtieron las posibilidades de que la inestabilidad geopolítica, la desaceleración del crecimiento, el deterioro ambiental, los sistemas de salud “tambaleantes”, entre otros factores, representarán una fuente de problemas para las naciones del mundo.
Este documento incorporó los resultados de una encuesta aplicada a líderes mundiales y hasta en 78% coincidieron en que el mayor de los riesgos para este año serán las divisiones nacionales e internacionales que podrían derivar en conflictos políticos y económicos. Creo que este factor de riego persistirá mientras Trump se mantenga al frente del gobierno de los EU, pues no desaprovecha la oportunidad para confrontarse con quien sea, como medio para conseguir ventajas económicas.
El segundo factor más mencionado como de alto riesgo en dicha encuesta son las polarizaciones políticas locales. En efecto, eso que muchos creen que sólo ocurre en México y acusan al Presidente de la República de “polarizar” y “dividir” a la población, es en realidad un problema que se extiende por el mundo entero, ocasionado por una creciente pluralidad que aún no ha conseguido construir espacios de convivencia política y cuyas diferencias se magnifican vía las redes sociales virtuales.
El tercero y cuarto lugares en esta encuesta lo ocupan los riesgos por temperaturas excesivamente altas a lo largo del año y la irrefrenable destrucción de ecosistemas a lo largo y ancho del planeta, no sólo terrestres sino submarinos. Esto debido a prácticas humanas y a eventos climáticos conjugados.
También vale la pena resaltar que el informe subraya el hecho de que en muchas naciones no existen las condiciones necesarias para enfrentar problemas de salud que combinarán, por un lado, la proliferación de enfermedades no transmisibles (como las cardiovasculares o la misma diabetes) y, por el otro, a pandemias derivadas de la creciente resistencia a los medicamentos (como la ahora alarmante propagación del Coronavirus).
Evidentemente este informe de riesgos enfoca la parte económica y los factores antes referidos tienen relación con aquellas acciones, procesos o eventos que pudieran “dañar la prosperidad”, es decir, impedir que la economía siga creciendo, que se produzca más, se venda más, se consuma más. No olvidemos que la organización económica global está fincada sobre ello: la producción y el consumo. Lo anterior no deja de representar una paradoja, pues aquello que se considera en riesgo es, al mismo tiempo, causante de ello: producir más provoca deterioro ambiental y consumo de recursos muchas veces no renovables; y consumir más abona a problemáticas de salud, peor no poder consumir lo hace en torno de problemas mentales, como la depresión y el estrés.
En suma, estamos caminando sobre el borde de un risco y cada vez estamos más cerca de la cúspide, hay mucho viento y el piso está resbaloso, pero puede más la terca intención de llegar hasta la cima para ver qué hay del otro lado; y probablemente al llegar lo que encontremos nos deje insatisfechos.