Juan Villoro es un muy buen narrador y un excelente ensayista; no obstante, el género en el que despunta casi en solitario es en la crónica: su pluma es tan versátil como honda es su capacidad de análisis y de discernimiento.
Es por todos ya conocida la sentencia de Reyes al denominar al ensayo como “el centauro de los géneros”; y para Villoro, otro ente, no mítico sino muy real (por más fantástica que sea su apariencia), englobaría el ser de la crónica: el ornitorrinco. Este peculiar espécimen emularía la intersección entre la ficción y el reportaje, materias primas de este género periodístico. Así, de la novela “extrae la condición subjetiva, la capacidad de narrar desde el mundo de los personajes”, y del cuento “el sentido dramático en espacio corto”; del reportaje, “los datos inmodificables”.
“Safari accidental” es una antología de crónicas que Villoro divulgó a lo largo de más de veinte años, en publicaciones como “Proceso”, “El País Semanal”, “Gatopardo”, “Letras Libres”, “Nexos”, “La Jornada”, “unomásuno”, por mencionar algunos. Y los temas van de las glorias de la farándula musical, como los Rolling Stones, U2 y Peter Gabriel, hasta escritores lejos de su obra, como Salman Rushdie, Martin Amis y Augusto Monterroso (su crónica sobre la participación en el taller de este último es uno de los textos favoritos de quien esto escribe), pasando por temas que bordan lo naif y lo banal, como el concurso de Miss Universo o la compañía Apple, y reflexiones sobre ciudades como Berlín, La Habana y Tijuana.