Terminó paro en UAEMex, ¿Y…?

Los universitarios “seguimos teniendo el mismo reto: reconstituir los términos de la convivencia en la comunidad universitaria para sacudir los viejos cánones
7 septiembre, 2020
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Estaba claro que era imposible erradicar de manera definitiva la violencia de género, el acoso, hostigamiento y demás abusos, por tratarse de un problema no sólo complejo sino estructural


Desde el 10 de febrero publicamos en este mismo espacio una pregunta que, al cabo de los días, resultó vaticinio: ¿Llegarán a la UAEMex los paros? En aquel momento era bastante visible la oleada de activismo feminista que comenzaba a cundir por Escuelas y Facultades. Había, además, una sincronía con movimientos en otras partes del país y del mundo que buscaban visibilizar la violencia de género hacia las mujeres. Desde el año pasado hubo varias acciones emprendidas por dichos activistas al interior de la UAEMex, incluyendo algunas marchas y la “toma” del edificio de Rectoría, luego del homicidio de una profesora en instalaciones a manos de su ex-pareja (hoy procesado y sentenciado a 26 años de cárcel). 

Tras esos sucesos el Rector y su equipo de trabajo se sentaron a dialogar con algunas representantes del movimiento. Fueron al menos dos ocasiones las que se reunieron precisamente en el edificio de Rectoría y  quedó en evidencia que las autoridades de la UAEMex mantuvieron la postura de conminar a las activistas a sumarse a los esfuerzos institucionales por erradicar la violencia de género, el acoso y garantizar la seguridad de sus estudiantes y profesoras. Por su parte, las activistas tenían una agenda que no podía agotarse en las medidas de prevención y vigilancia que les ofrecieron las autoridades; más bien su objetivo era visibilizar, problematizar, incomodar y cuestionar, apuntando sus baterías en contra de estructuras basadas en una serie de principios y valores entendidos que ya no parecen aceptables. Ese 10 de febrero dijimos: “cualquier caso puede convertirse en detonante para que lleguen los paros a la UAEMex”.


Las activistas tenían una agenda que no podía agotarse en las medidas de prevención y vigilancia que les ofrecieron las autoridades; más bien su objetivo era visibilizar, problematizar, incomodar y cuestionar


Solo unos días después, la Facultad de Ciencias de la Conducta entró en paro de labores tras haber sido denunciado un alumno por vender fotos de estudiantes a través de internet (los tristemente célebres “packs”). En las semanas siguientes se solidarizaron con ese paro varias Escuelas y Facultades, además de impulsar como mecanismo de visibilización los “tendederos de denuncia”: testimonios escritos de alumnas y alumnos (anónimos, la mayoría) denunciando acoso por parte de profesores y administrativos, mencionándolos con nombres y apellidos. Hubo decenas de despidos, separaciones, amonestaciones y procesos administrativos, según la autoridad.

A principios de marzo, cuando seguían sumándose acciones por parte de los activistas en distintos planteles, señalamos que lo más difícil no era organizar paros y toma de instalaciones, sino saber qué hacer con la justa demanda que enarbolaban. Estaba claro que era imposible erradicar de manera definitiva la violencia de género, el acoso, hostigamiento y demás abusos, por tratarse de un problema no sólo complejo sino estructural. Así fue como dijimos que a los paristas se les presenta el desafío de decir ¿con qué se darían por “satisfechos” como para devolver las instalaciones? Ello se iría complicando cada vez más conforme el tiempo pasara, generando un gran desgaste al movimiento, mismo que en un principio obtuvo un amplio respaldo a sus causas (por lo justas que resultan), pero con el paso de los días –advertimos- las mismas irían quedando en segundo término o hasta llegarían a olvidarse y en no pocas ocasiones terminaría pareciendo sólo una confrontación por el control de los inmuebles.

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Llegó la suspensión de labores generalizada en el país a causa de la pandemia por Covid-19 y sólo unos cuantos planteles de la UAEMex continuaban en paro. Al advertir que los efectos del “paro” se diluirían por venir una suspensión indefinida de labores en toda la universidad, el 19 de marzo el llamado “Cocol” (Comité Coordinador de Lucha) de los paristas de la UAEMex “quemó sus naves”. Así lo dije en este mismo espacio el día 23 de dicho mes: “la inicial causa de erradicar el acoso y violencia de género en la vida universitaria ha quedado en un segundo plano, muy atrás, y su objetivo se redujo a exigir la renuncia del Rector”. En esa marcha hubo violencia de parte de los activistas, se vandalizó seriamente el edificio de Rectoría y advertimos que el movimiento se colocó más cerca del Ministerio Público que de la transformación de la Universidad.

Ya desde esas alturas del año seguía cerrándose la ruta de salida para el movimiento ¿a cambio de qué se devolverían las instalaciones? ¿con qué podrían darse por satisfecho el (o los) pliego(s) petitorios? Si se estaba apostando por un cambio “de fondo”, entregar las instalaciones sólo con la promesa de atender peticiones puntuales parecía muy poco. Y, sin embargo,  así fue: las Facultades de Humanidades y Planeación Urbana entregaron los inmuebles luego de unas semanas más y recibieron a cambio el compromiso de atender sus pliegos petitorios. Sólo la Facultad de Ciencias de la Conducta siguió en paro. Justo el plantel que sirvió de detonante se mantuvo por varios meses en poder de los paristas, pero ya sin ninguna atención mediática, debido a la “covidización” de la opinión pública.


Con el paso del tiempo se quedaron sin nada más que las llaves del candado de la puerta y las entregaron a cambio de ser tomados en cuenta


El 30 de agosto, hace apenas unos días, los paristas  de Ciencias de la Conducta anunciaron que se retomó el diálogo con las autoridades, encabezadas por el Rector Barrera Baca, y le entregaron las instalaciones “como muestra de apertura al diálogo”. Es decir, con el paso del tiempo se quedaron sin nada más que las llaves del candado de la puerta y las entregaron a cambio de ser tomados en cuenta. Lo que inició con una gran sacudida que logró movilizar a miles de integrantes de la comunidad universitaria y hacerse eco en gran parte de la sociedad en general, terminó en casi nada. De hecho pasó casi inadvertida la entrega del plantel. Un botón de muestra: el perfil de Facebook de la Asamblea Universitaria UAEMex, espacio a través del cual se estuvo informando sobre el paro de parte de los alumnos-activistas, tienen un record de 17,588 que le dieron “like” en su momento, pero a la publicación de la entrega de instalaciones de la Facultad de Ciencias de la Conducta solo hubo 32 reacciones y 1 comentario.

Así, pues, terminó el paro pero viene la pregunta: ¿Y…? Los saldos: un desgaste brutal a la administración del rector, cambios en el gabinete universitario, despidos, amonestaciones y separaciones de varios trabajadores y profesores, algunos daños materiales en los planteles tomados, ríos de bits en escritos divulgados en redes sociales, blogs y portales informativos, división de las comunidades de varias Escuelas y Facultades, la promesa de consolidar acciones institucionales para atender casos de acoso y hostigamiento. ¿Nada más? Espero que no. Creo que la sacudida inicial fue seria, que movió el umbral de lo aceptable en términos de convivencia al interior de la UAEMEx. Toca a los universitarios en el fuero personal y colectivo actuar en consecuencia y, como lo publicamos en este mismo sitio hace meses, los universitarios “seguimos teniendo el mismo reto: reconstituir los términos de la convivencia en la comunidad universitaria para sacudir los viejos cánones de las relaciones y encontrar otros más contemporáneos, más frescos, más equitativos”.

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