El avance del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en el escenario mexiquense, es incuestionable. Las acciones realizadas por Delfina Gómez Álvarez y la presencia de Andrés Manuel López Obrador, han hecho que aumente su presencia e intención de voto para la gubernatura del Estado de México.
Muchos han sido los escenarios que se manejan y en la mayoría de ellos, se advierte que Morena va en ascenso; caso contrario el del PRI, que presenta problemas a pesar de su manejo de estructuras y su experiencia en las contiendas políticas.
En el escenario donde compite Alfredo del Mazo por el PRI, Josefina Vázquez Mota por el PAN, Delfina Gómez por Morena y Juan Zepeda por el PRD-PT – si no se disuelve la alianza -, se expone que el priísta ganaría con un porcentaje marginal – 0.2% – contra la candidata del PAN y dos puntos porcentuales contra la de Morena. Un empate técnico a poco menos de cuatro meses de la contienda.
En otro, si son los mismos candidatos excepto el del PRD-PT, que sería Javier Salinas Narváez, Del Mazo gana con 21.8% seguido por Delfina Gómez con 19.1% y Josefina Vázquez Mota con 18.3%; nuevamente empate técnico.
Lo que sucede en el PRD es de destacar. Hundido en pleitos internos, sin dilucidar la forma en que harán para no hundirse más, mantiene los mismos niveles de aceptación y, de hecho, se augura que ante la crisis que vive, podría darse una alianza de facto con Morena.
Pero hay un sector al cual los partidos no logran convencer, que implica un 16.7% del potencial electorado.
Los procesos electorales en México no son inerciales, responden a motivaciones e intereses ciudadanos muy claros y cuando se desató la lucha electoral y partidista (tras la definición de la no alianza PAN-PRD) y el “destape” de quienes contenderán representando al PAN y al PRI, parece definirse de manera muy clara una posición obradorista para que sea Morena la beneficiaria de esta tan importante posición, electoralmente hablando.
En el proceso local de hace dos años, Morena (sin alianza) logró el 10.5% de la votación, en una primera participación política, pero hoy su posición, con la presencia de Andrés Manuel López Obrador, el activismo de él a favor de una de las precandidatas y el descontento social que ha llegado a niveles de violencia focalizada contra instituciones y grupos de poder, hacen pensar en un crecimiento que ya coloca esa candidatura, lejos de las encuestas a modo, en más de 25% sin que inicie la campaña.
A ello habrá que agregar que la candidata panista, lejos de manifestar un interés en amplias capas de la población indica desgano y hasta hartazgo y la del candidato priísta es casi tan certera como la de su padre en 1997 para la primera jefatura de gobierno del Distrito Federal.
En fin, sin que PRD defina aún a su abanderado, ya casi es una realidad la primera gubernatura para un partido emergente.