El negocio o la solidaridad; las salidas frente al desastre

Dentro de un fenómeno social que involucra a millones de personas, en el que intervienen intereses económicos y por lo tanto políticos, definir el qué hacer y cómo apoyar frente a la tragedia resulta fundamental para buscar curar la enfermedad y no solo atender los síntomas. Para entender qué pasa en el país, debe contemplarse cuál es la condición de los actores sociales y en función de su condición cómo deciden contribuir para revertir la tragedia; de tal forma que puedan encontrarse hacia donde se orientan los distintos intereses. En este acontecimiento los actores fundamentales son los millones de trabajadores
5 octubre, 2017

Dentro de un fenómeno social que involucra a millones de personas, en el que intervienen intereses económicos y por lo tanto políticos, definir el qué hacer y cómo apoyar frente a la tragedia resulta fundamental para buscar curar la enfermedad y no solo atender los síntomas.

Para entender qué pasa en el país, debe contemplarse cuál es la condición de los actores sociales y en función de su condición cómo deciden contribuir para revertir la tragedia; de tal forma que puedan encontrarse hacia donde se orientan los distintos intereses.

En este acontecimiento los actores fundamentales son los millones de trabajadores asalariados que se enfrentan a diario con peores condiciones laborales y alcanzan el 68 por ciento de la Población Económicamente Activa, pues en su conjunto intervienen en la producción y distribución de los bienes de consumo que requiere toda la sociedad y generan la riqueza.

Esto es importante señalar porque hoy, ante la tragedia la mayoría de medios de comunicación coloca a las “empresas solidarias” o a las instituciones gubernamentales como los principales actores, pero se olvida a quienes realmente están sosteniendo las aportaciones de las empresas o los recursos de las instituciones.

Una de las brigadas de jóvenes que salió de Toluca en las últimas semanas para apoyar a comunidades afectadas con acopio y trabajo, hizo uso de un transporte proporcionado por la Cámara Nacional del Autotransporte de Pasaje y Turismo en el Estado de México, que aglutina a las 34 empresas que conforman el llamado pulpo camionero. Esto es parte de lo que el chofer de la unidad expresó:

¿Sabía usted que el viaje sería de varios días? -No, creí que solo sería ida y vuelta, pero como nos dicen desde arriba que hay que cubrir el viaje, aunque no venga preparado tendré que hacerlo; y pues al final estoy contento porque sé que vamos a ayudar y qué bueno que ocupen los camiones, hay que exigirles más, ahí tienen “un chingo” de unidades paradas y prestar una unidad no les duele, al final la gente las ha pagado, ya ves cuanto se cobra ahora (sic).

¿Ya ha hecho otros viajes así?  -Si, pero es diferente. A mí me enoja mucho que de un día para otra (sic) me piden que lleve gente a eventos oficiales, mítines o lo que ellos quieran (…), son esos los del grupo Atlacomulco, los empresarios dueños de todo el transporte, que ponen hasta al gobernador ¿y cuánto no ganan ellos? (…) fíjate por este viaje a mí no me pagarán nada, y pues ni porque estamos apoyando te la perdonan, por lo menos vamos a apoyar en algo a la gente y eso me hace estar contento (sic).

Si buscamos dónde ha existido una contribución desinteresada a una causa social de parte de las grandes empresas, en el mejor de los casos (por así decirlo) se encontrará que se realizó para generar publicidad, para deducir impuestos a través de donaciones o que en última instancia se paga a costa de sus trabajadores, como lo hacen las empresas transportistas.

Pero hay un actuar de las grandes empresas que va más allá y que se ejemplifica en Televisa, capaz de crear una telenovela llamada Frida Sofia con tal de tener más rating; o en la corrupción que permitió a constructoras levantar edificios sin las condiciones normativas necesarias, como el caso de la textilera en la Ciudad de México, donde también laboraban ilegalmente trabajadoras extranjeras y la fábrica no participó en el simulacro que se realizó dos horas antes.

 Bastará observar en qué sectores de la iniciativa privada acabarán los más de 9 mil millones de pesos del FONDEN y cómo después de la acostumbrada destilación de recursos, a través de la corrupción, se traducirá este fondo en escasos apoyos a los damnificados para ver que ahí, en los grandes negocios, hay todo menos solidaridad.

Del lado de las instituciones, en el Estado de México en medidas de prevención, se carece de sistema de alerta sísmica y la respuesta al desastre ha sido lenta. 10 días después del sismo se liberaron los 222 millones de pesos del Fondo para la Atención de Desastres y Siniestros Antropogénicos y Ambientales en el Estado, 24 horas después del sismo hubo centros de acopio que señalaron recabar ayuda para la Ciudad de México, pese a que se necesitaba en el estado; 6 días tardó el censo preliminar, y a quince días del siniestro el censo aún no concluye.

A la respuesta lenta se suma la actitud del gobierno de buscar refrendar el papel de instituciones desgastadas, como la policía y el ejército, mediante el empleo de los medios de comunicación. Luis, estudiante de la UAEMex proveniente del municipio de Villa Guerrero, relata su experiencia con la “ayuda oficial”.

El 23 de septiembre estábamos retirando escombros de varias viviendas afectadas en la zona centro de Villa. Terminando nosotros llegó el gobernador del estado. Cerraron varias calles, a donde estábamos llegaron policías y militares, (…) llegaron, pasaron lista y empiezan a tomarse fotos, empiezan a remover lo que ya habíamos sacado a la calle, a según trabajar (sic), literalmente posando para la foto. Dos o tres militares armados estaban en vehículos, dos de ellos tomaban fotos en dirección a las casas que ya habíamos ayudado, los policías estatales también se sacaron fotos para mostrar que colaboraron (…) lo único que hicieron al final fue preguntar el nombre de la dueña de la casa y anotar la dirección, diciéndole a los vecinos que sólo iban a hacer censo.  

Mientras tanto se minimiza la labor social y se condena, tal como lo hiciera Peña Nieto en su visita a Joquicingo Estado de México; quien después de que su personal retirara a los universitarios brigadistas que lo increparon, señaló:

“A veces, lamentablemente en medio de la tragedia que ha ocurrido aquí en este municipio y en otras entidades, no falta gente que espero su espíritu sea de colaboración, pero a veces no siendo de los lugares llegan a alterar y provocar. Yo no sé si las personas que estaban aquí fueran de este municipio.

 (…) Lo que no se vale es que haya gente que pretenda obstruir la ayuda con los mexicanos y las autoridades y que quieran ser obstáculo de esa ayuda. (…) Hemos visto en las redes sociales mucha desinformación, a veces información falsa, noticias falsas que verdaderamente entorpecen la labor de auxilio y apoyo de las personas damnificadas. No se dejen engañar, no se dejen confundir" (Joquicingo, EdoMex. el 23 de septiembre de 2017).

Detrás de este señalamiento hay una visión de cómo debe comportarse la sociedad de acuerdo con el Gobierno, informarse a través de los comunicados oficiales, no interferir en lugares de los que no son, ni alterar el orden. Para garantizar esto, como ha podido observarse se utiliza al ejército no solo para ayudar, sino para hacer labores de contención y control.

¿Hay ayuda en esta comunidad? – Sí hay, pero es de la gente que viene y nos apoya, no del gobierno, ellos están pensando en elecciones.

Las palabras de Pablo, uno de los damnificados por el sismo, se pueden encontrar en todo el país. Los sectores mayoritarios de la población han respondido con desbordada solidaridad; jóvenes, estudiantes, trabajadores, amas de casa, comerciantes, campesinos, todos han aportado.

Dentro de esta respuesta masiva convive tanto la manipulación ideológica de la que somos víctimas, como la empatía y el nivel de conciencia social que los diferentes sectores han alcanzado.

Los medios de comunicación, la entidades educativas y la propia religión son un factor base de las condiciones ideológicas de gran parte de la sociedad mexicana; así, a través de una respuesta emocional espontánea que conmueva, (como el caso de Frida Sofia), se moviliza a millones bajo intereses bien definidos,  buscando  que la población  aporte todo lo posible para hinchar a las instituciones de recursos, que consuman a las grandes empresas, resuelvan  la emergencia y no interfieran más allá de una ayuda caritativa.

Este control social se amolda a los diferentes sectores, tal como muchas comunidades buscan ser contenidas a través de la religión y serán utilizadas para reparar los 178 templos afectados en el estado; a otros sectores se les ofrece una nueva religión, la del consumismo moderno, en donde la propia acción de consumir se convierte en la solución a la problemática social.

Así, los sitios en línea de Walmart, Superama, y Sams Club, habilitaron la opción de compras de artículos de higiene o alimentos etiquetados para donación, en los que la empresa aporta la misma cantidad a través de las fuerzas armadas.

Pese a los intentos de manipulación, del otro lado está presente la experiencia delas mujeres y hombres que no han limitado su actuar a los intereses señalados; que conocen la acción del Gobierno y de las grandes empresas, y bajo su nivel organizativo buscan articular esfuerzos para contribuir directamente con los afectados.

Frente a los grandes intereses económicos, los amplios sectores que están revirtiendo el desastre y los propios damnificados tienen su límite en su capacidad organizativa y perspectiva.

Poco pueden aportar cientos de personas que llevan víveres individualmente a cualquier punto de una comunidad, sin ligarse a la población afectada y sus necesidades; de la misma manera no llegarán recursos si las comunidades afectadas no articulan por su parte la demanda de todos los damnificados y se movilizan para resolverla.

Los apoyos y la solidaridad se mantendrán sólo en buenas intenciones si no existe organización social que garantice que los recursos se destinen a quienes lo necesitan, o que la reconstrucción realmente se realice.

Si se va más allá del acontecimiento, debería reflexionarse de qué tanto serviría, por ejemplo, limitar la solidaridad a levantar viviendas en Zumpahuacán, municipio donde más del 40 por ciento de la población vive en pobreza extrema y la mejor opción de empleo es el narcotráfico.

No se construirá una verdadera solidaridad si no se construye organización social que busque cambiar de fondo las condiciones de corrupción, desigualdad e ineficacia gubernamental, que han amplificado este desastre natural; por el contrario, se seguirá contribuyendo a que el desastre se convierta en negocio.

 

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