La otra cara de México: la de la solidaridad

Han pasado más de 15 días y aún tienen miedo a que tiemble.  Oaxaca fue uno de los Estados más afectados con el temblor de 8.2 grados Richter. Escuchar la radio y seguir las noticias por televisión se ha vuelto una costumbre cada vez más necesaria, para saber que ha pasado con los afectados, con sus familias y los desaparecidos. Ante el suceso, los reportes en los medios provocaban cada vez más angustia, los centros de acopio comenzaron a establecerse en instituciones públicas, centros comerciales, escuelas, centros de salud. Son incontables las denuncias por la falta de apoyos del gobierno
23 septiembre, 2017

Han pasado más de 15 días y aún tienen miedo a que tiemble.  Oaxaca fue uno de los Estados más afectados con el temblor de 8.2 grados Richter. Escuchar la radio y seguir las noticias por televisión se ha vuelto una costumbre cada vez más necesaria, para saber que ha pasado con los afectados, con sus familias y los desaparecidos.

Ante el suceso, los reportes en los medios provocaban cada vez más angustia, los centros de acopio comenzaron a establecerse en instituciones públicas, centros comerciales, escuelas, centros de salud.

Son incontables las denuncias por la falta de apoyos del gobierno federal, son muchas las promesas que se oyen y más aún los reclamos del olvido y la desesperada situación que enfrentan mujeres, hombres, niñas y niños ante la desgracia de haberlo perdido todo. Ante el reclamo del robo, de la mala distribución, de la ausencia de apoyos básicos, del aprovecharse políticamente de la desgracia, la sociedad organizada ha tomado poder y se ha movido por sus propios medios.

Acompañamos a un autobús cargado de víveres, uno de los 11 que salieron de la Escuela Normal Rural Lazaro Cardenas de Tenancingo Estado de México. El destino: Rincón Juárez, Oaxaca.

La travesía nos tomó tres días, tiempo en el que pudimos transitar por zonas llamadas “rojas” por el gran peligro que acecha a la seguridad de fuereños, debido a la delincuencia que aqueja aquel sitio.

Fue extraño transitar a través de comunidades llenas de festejos patrios, en los que la decoración y el ánimo festivo fortaleció nuestro ideal de hacer patria, esta vez de manera diferente, está vez a través del apoyo a nuestros hermanos de Oaxaca.

Llegar a la comunidad, en una tarde calurosa como su gente, nos permitió el respiro del deber cumplido. Así empezó nuestra labor de repartición de viveres casa a casa, donde la gente agradecida apoyó en la labor misma de organizar, llevar y compartir. “La solidaridad es la ternura de los pueblos” dijo un beneficiado y lo comprobamos.

Hombres, mujeres, niñas y niños se sumaron en un trabajo colaborativo que nos enseñó la otra cara del México que queremos y que a veces el relato de los medios nos impide descubrir: el de la solidaridad.

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