El Estado de México enfrenta problemáticas estructurales. Están, frente al colapso operativo, sus sistemas de salud, educación y seguridad pública, con sus anexos de procuración de justicia, administración de justicia y penitenciario.
La entidad mexiquense vive una crisis mayor: pobreza histórica, impunidad sistemática y una corrupción galopante. Y esta realidad, visible en los cuartos de guerra de los candidatos a la gubernatura, ha provocado como respuesta de propuesta y de discurso, demagogia y populismo oficialista, e ingenuidad justiciera y magia en la solución opositora.
Alfredo del Mazo
A la pobreza que viven cientos de miles de amas de casa, del Mazo les ofrece una extensión de los populistas programas sociales de Solidaridad, Oportunidades y Progresa y les anuncia que les dará unos pesos mensuales para enfrentar la crisis económica.
Obligado al continuismo, el candidato oficial presentó un decálogo de propuestas que ofrece, como dicen todos los clásicos, “más de lo mismo”. Más seguridad, más producción en el campo, más educación, más salud… Más.
La propuesta del priísta deja intacto el modelo de gobierno actual y tampoco cuestiona la operación de sus instituciones. Peor aún, advierte que “cambiarlo todo podría ser también perderlo todo”.
Del Mazo llama, en un discurso tibio y superficial, propio del Canal de las Estrellas, a conservar lo que se tiene y evitar, por todos los medios, un cambio al estado actual de cosas. Acrítico, ondea la bandera del desarrollo social y jura que no sólo mantendrá los actuales programas y las actuales recetas para el combate a la pobreza (que notablemente han fracasado), sino que las incrementará. Con el PRI, ni cambio ni ruptura.
Josefina Vázquez
La candidata del PAN, situada a la extrema derecha del espectro, maniquea, ofrece como centro de su propuesta de gobierno, combatir la corrupción. Hacer la diferencia, porque ella, que nunca ha sido electa a ningún cargo público, sabe cómo hacerlo.
Ofrece combatir la inseguridad con un Estado vigilante: más policías, más cámaras, más ministeriales y jueces. Bardas más altas y más alto el alambre de púas.
La ex candidata presidencial mira un Estado de México que le es ajeno y ello le impide articular un discurso con nombre y apellido. Lleno de lugares comunes, su propuesta no se aleja del modelo que le indica que basta con culpar de todos los males al PRI y con situarse como una opción distinta, para lograr meterse a la contienda.
Tampoco ofrece cambios de fondo. Se mantiene en el mismo barco y con similar trayectoria. Y considera que lo único que se requiere es cambiar al capitán.
Delfina Gómez
La candidata de izquierda, señala que la deshonestidad, endémica del gobierno, es principio y fin de todos los males. Ofrece combatir la corrupción y la impunidad que les es gemela. Y para ello le es suficiente que los funcionarios públicos, todos, sean evaluados y presenten su 3 de 3.
Trasparencia, austeridad en el gasto público, presupuestos participativos, pluralidad… La candidata anti sistema no ofrece un cambio de sistema. Sino sólo un cambio de personalidad, de conducta, de actitud.
Jura que no tolerará la corrupción pero no dice que son inexistentes los instrumentos para hacerlo posible. En lo único que marca una diferencia, es en la posibilidad de constituir un esquema de derechos sociales, que estén un paso al frente del actual mecanismo clientelar/electoral.
El Estado de México, que es el más poblado del país. Urbano. Metropolitano en su mayoría. Nutrido en inseguridad y desempleo. Carente de futuro, acostumbrado a jugar en la desdicha y sumido en un proceso permanente de incertidumbre, no encuentra ni en los decálogos ni en los discursos de los candidatos, la respuesta a su única pregunta.