¿Por qué estar hoy con el Chelsea? Por el amor a la revolución.
En 1905, el año del inicio de la revolución rusa y el sur, el espacio de las insurrecciones y los sueños rebeldes pueden leerse en el nombre de un club de fútbol que históricamente se ha opuesto a lo establecido y ha sido incómodo para las hegemonías futbolísticas de Europa: Chelsea FC.
Nació en marzo de 1905 y al sur de Londres, en medio de una negación porque ahí ya existía un club, y existir en la Europa del siglo XX significaba absolutismo: ni uno más que yo, solo yo.
Durante los primeros años, el club se propuso tener en sus filas a los mejores futbolistas para poder competir y que un bajo nivel no fuera motivo para hacerlos desaparecer.
Sin embargo, la Europa en conflicto de la primera mitad del siglo XX opacó los logros que en la cancha se obtuvieron. Como una casualidad o una paradoja (depende desde donde lo queremos leer) la gloria (visible) de los blues vino al terminar la Segunda Guerra Mundial.
Pero toda revolución tiene un punto en el que si no se replantea, se viene abajo y el de los blues fue entre las décadas de los 70 y 80, cuando el Chelsea sufrió la peor tragedia que un equipo de fútbol puede tener: descender. La penumbra duró algunos años, hasta que en 1989 regresaron a primera para jamás irse.
En 2003, el Chelsea tuvo sus mejores años: ganó un bicampeonato en la liga inglesa y su primera y única Champions League en un agobiante partido contra el Bayern Munich.
Este momento histórico se dio gracias a que un petrolero ruso compró al club por la cifra más alta en la historia del fútbol inglés, hasta esa época, y de la mano de un futbolista marfileño destinado a ser violentado por el racismo: Didier Drogba quien rodeado de nombres que hoy están en la memoria de todos los aficionados al fútbol como Frank Lampard, Peter Cech, John. Terry, Ashley Cole, Nicolas Anelka, John Obi Mikel, se confirmó la grandeza azul.
Hoy, esa grandeza está en las manos de una nueva generación, está en Hazard, William, David Luiz, Higuain, Kanté, Pedro, Giroud, Sarri y compañía. A esos enormes nombres hay que decirles algo: la grandeza del Chelsea solo se sostiene si en ellos hay un espíritu revolucionario.