¡Enrique! ¡Enrique! ¡Enrique! ¡Vamos ensayando una porra para el presidente Peña Nieto!, se escucha en el micrófono. Es la voz de la cantante de música ranchera que aminora la larga espera de los asistentes. El reloj marca 20 minutos antes de la una de la tarde del 12 de septiembre.
Al norte del Estado de México se ubica el municipio de Jilotepec, a 97 kilómetros de la capital mexiquense y en las orillas de un llano, cerca de mil personas esperan el arribo del presidente. Hay de todos los sectores, aunque cada uno puntualmente distribuido. Están los estudiantes de la Unidad Pedagógica de la demarcación, las amas de casa, los campesinos, los políticos, los acarreados y los elementos policiales de todos los niveles. Hay gente de Jocotitlán, Atlacomulco, Chapa de Mota, Timilpan, San Bartolo Morelos e Ixtlahuaca.
El motivo la entrega de la primera etapa de una obra carretera que según el discurso beneficia a 900 mil habitantes.
Al cabo de hora y media, a lo lejos se vislumbra el aterrizaje de un helicóptero, el mandatario federal desciende del mismo y a bordo de una suburbana negra se dirige a la carpa, como ya es habitual va saludando a quienes encuentra a su paso, estrecha manos, da palmadas en la espalda, posa para la selfie. Así mecánicamente por más de 20 minutos; saludos por aquí, besos por allá, porras de fondo.
A tres días de que termine la gestión de Eruviel Ávila Villegas al frente del Gobierno del Estado de México, Peña Nieto pide cerrar filas en torno al gobernador electo, Alfredo del Mazo Maza "con unidad y en equipo por los mexiquenses". No abunda en el tema, se guarda el discurso para el próximo viernes, día en el que luego de su toma de protesta ante la Legislatura local, Del Mazo reúna a la clase política en el Teatro Morelos.
No se olvida del aún gobernador: "Reconozco su trabajo, esfuerzo y dedicación de haberle cumplido a los mexiquenses"; está es la última gira del presidente en el Edomex durante la gestión de Eruviel Ávila. No hay un mensaje político de despedida, Peña Nieto toma más tiempo en contar anécdotas de cuando era diputado local y tenía que transitar por los caminos de la zona.
Por el contrario, el gobernador mexiquense le da las gracias. Una, dos, tres veces. Asegura que fue menos difícil gobernar el Edomex porque Enrique Peña es el presidente; lo llama presidente transformador y reformador. Posteriormente en las pantallas se proyecta un vídeo donde aparecen ambos en diferentes escenarios durante la gestión de Ávila Villegas: en la visita del Papa Francisco, en la Cumbre de Líderes de América del Norte, inaugurando hospitales, en bicicleta, en helicóptero, Peña manejando su camioneta, de noche, de día.
Al tiempo, los ahí presentes bostezan, ponen caras de desconcierto cuando se habla de reformas, de macroeconomía, de obras viales. Peña Nieto promete volver a culminar la rehabilitación de la carretera -eso ya será con el nuevo gobernador- afirma, ante la risa nerviosa del aún jefe del Ejecutivo estatal.
Eruviel conminó a los presentes a brindarle su respaldo a Del Mazo. Fin del discurso, aplausos. 14 horas con 50 minutos. Ávila Villegas y Peña Nieto se dan un abrazo, no emotivo ni cálido, pero que cumple con el protocolo esperado.
Peña Nieto baja del estrado y repite el ritual del saludo y beso, ahora va con los diputados locales, algunos federales. La atención es toda para él, la gente ya no se molesta en buscar para la foto al gobernador Eruviel.